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Elisa empezó a sentir un día cualquiera unas tremendas ganas de matar a Fabio, su marido. Ella, una psicoterapeuta joven e independiente, había caído en las redes de un viudo rico y dominante que convirtió poco a poco su vida en un encierro de lujos y condicionamientos sociales, donde no cabía más que el descontento y la frustración.

Animada por el anhelo de entender sus oscuras intenciones, decide emprender un estudio de casos de mujeres que también quisieron asesinar a sus maridos y de otras que efectivamente lo hicieron y encuentra en cada situación las claves de ese deseo oculto que muchas acarician como una cierta forma de venganza frente a sus indolentes, infieles y a veces abusadores esposos.

Pero la vida habría de cobrarle sus audacias y sus turbios deseos al enfrentarla a las balas asesinas que al final acabaron con la vida de Fabio. Felisa terminó siendo la principal sospechosa de ese crimen que estremeció a la sociedad por el prestigio de la víctima y las condiciones de su asesinato.

Esas ganas locas de matarlo es una novela que nos hace reflexionar sobre la muerte, la verdad, la justicia, la libertad y la psiquis de ciertas mentes asesinas; una combinación de misterio, humor, romance y crítica al que hacer de las mujeres y al machismo masculino.

Cuento publicado en la revista La Manzana de la Discordia, del Centro de Estudios de Género de la Universidad del Valle.

Desde hace muchos años llevo la historia de esta novela entre pecho y espalda cuando escuche de labios de Álvaro Thomas en una noche de esas que uno quisiera que no se acabara nunca. Allí Pedrito, mi compañero de vida, fue testigo de los hechos fantásticos que el genial Álvaro contaba de relatos de su padre, quien trabajó en la construcción de la carretera Popayán-Pasto bajo las órdenes de Enrique Uribe White.


Me impactaron tanto estas historias que esa misma noche comencé a tomar apuntes y muchas veces a lo largo de nuestra amistad lo busqué para saber más detalles o para visitar los sitios donde ocurrieron los hechos en el departamento del Cauca. Un buen día decidí por fin abordar la historia, aunque ya antes había intentado construirla como guion de cine o libreto para un seriado de televisión, pero ninguno de estos géneros hacía honor a la dimensión de lo que pretendía contar. Así que me decidí por el formato de novela y desde entonces fueron cinco años de investigaciones, consultas e indagaciones históricas que me permitieron finalizarla con algún grado de rigor histórico.